Forjaron 4 pueblos el Saltillo pluricultural – El Diario de Coahuila
La llegada de Cristóbal Colón un 12 de octubre de 1492 es un hecho histórico que marcó al continente que ahora llamamos América. En esta fecha en México se conmemora el Día de la Nación Pluricultural, anteriormente conocido como Día de la Raza, pero no fue hasta el 18 de diciembre de 2020 que se oficializó el cambio mediante un decreto presidencial publicado en el Diario Oficial de la Federación.
La decisión de cambiar el nombre a esta conmemoración se debió a que éste fomentaba discursos racistas o de jerarquización social, por lo que no solo en México, sino en varios países del continente se modificó la ley para reconocer la resistencia y memoria de los pueblos originarios.
La maestra y doctora Mónica Samantha Amezcua García, docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), en entrevista con EL DIARIO de Coahuila menciona que durante los primeros años de la fundación de Saltillo, la presencia de cuatro grupos humanos fue fundamental para el desarrollo del mestizaje en esta región: indígenas, españoles, afrodescendientes y tlaxcaltecas, cada uno de estos grupos contaba con sus propias formas de organización, lengua, tradiciones y conocimientos, elementos que fueron incorporándose poco a poco a la vida de la ciudad.
Antes de la llegada de los españoles, el territorio del noreste estaba habitado por diversos grupos indígenas, organizados en lo que se denominaban “naciones” y “rancherías”. No era una población homogénea, sino compuesta por comunidades con diferentes formas de gobierno, costumbres y maneras de relacionarse.
La llegada de los españoles modificó estas dinámicas. El proceso de colonización estuvo acompañado por enfrentamientos, periodos de paz, negociaciones y estrategias para incorporar a los indígenas a los nuevos asentamientos. Incluso algunas prácticas existentes antes de la llegada de los europeos adquirieron nuevas formas tras la llegada de los colonizadores.
Por ejemplo, los llamados “mitotes”, que eran reuniones de convivencia y celebración entre los grupos indígenas, se convirtieron en espacios de organización y resistencia frente a los españoles. Así, las comunidades originarias no desaparecieron tras la llegada de los españoles, sino que tuvieron que reorganizar su vida frente a una nueva realidad.
La maestra Amezcua García señala que es importante no confundir a los grupos originarios que habitaban esta zona antes de la llegada de los españoles con otros grupos que provenían de lugares ubicados más al norte de esta región.
Con el descubrimiento de las minas de Zacatecas en 1546 se aceleró la expansión de los españoles hacia el norte del país y en 1577 se fundó la Villa de Santiago del Saltillo. La nueva población se convirtió en un punto importante de conexión con las regiones del norte de la Nueva España.
La colonización estuvo acompañada de mecanismos de explotación de la población indígena, como diferentes formas de trabajo forzado y esclavización.
Los españoles tampoco eran un grupo social uniforme. Aunque se pensaba que todos gozaban de riqueza y posiciones privilegiadas, también existían españoles de escasos recursos.
En 1591 arribaron a la nueva villa 245 familias tlaxcaltecas que fundaron el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala. Estas familias llegaron con privilegios establecidos mediante las llamadas capitulaciones, aprobadas por el virrey Luis de Velasco y Castilla, entre éstos, tierras y aguas, extensión de tributos y determinados derechos que los colocaban en una situación privilegiada dentro de la sociedad de la Nueva España.
La llegada de estas familias tuvo como propósito contribuir a la sedentarización, desarrollar la agricultura y la evangelización de otros grupos indígenas que habitaban esta región. Con el tiempo, San Esteban desarrolló una importante actividad agrícola, ganadera, comercial y artesanal. Sus habitantes también trabajaron en la minería y la defensa de los territorios recién poblados.
La nueva comunidad mantuvo una identidad propia, pero al mismo tiempo estableció relaciones constantes con la Villa de Santiago del Saltillo.
Un grupo cuya presencia ha sido menos visible en la memoria colectiva, es el afrodescendiente. Personas de origen africano llegaron al noreste novohispano principalmente en calidad de esclavos. En Saltillo, muchos de ellos desempeñaron labores domésticas y diversos oficios dentro de las viviendas y unidades productivas. Investigaciones recientes han documentado que su participación fue importante para la economía local y que también generó intercambios culturales y de conocimientos.
La historia de los afrodescendientes no se reduce a su etapa de esclavitud. Algunos miembros de esta etnia consiguieron su libertad de diferentes formas y continuaron formando parte de la sociedad, lo que generó redes de convivencia, compadrazgo y mestizaje con las comunidades locales y tlaxcaltecas.
La convivencia cotidiana de estos grupos dio como resultado el mestizaje, el cual no puede entenderse únicamente como una “mezcla de sangre”. Las personas convivían, trabajaban, comerciaban y formaban familias, menciona Amezcua García.
Muchos de los miembros de estos cuatro grupos preferían casarse con personas del mismo grupo o condición social, mientras que otros se unían en matrimonio con individuos de otras etnias o clases sociales. También existieron relaciones marcadas por la desigualdad y la violencia, particularmente dentro del sistema de esclavitud, lo que tenía como consecuencia embarazos que eran aprovechados por las afrodescendientes para tratar de obtener beneficios de sus amos.
En otros casos, el matrimonio podía representar una posibilidad de movilidad social, pues la pertenencia a determinados grupos implicaba privilegios jurídicos o sociales, por ello, establecer vínculos con personas de una posición diferente podía modificar las oportunidades de una familia.
El intercambio cultural no solo se limitaba a los matrimonios, pues las personas llevaban consigo sus lenguas, conocimientos, oficios, creencias y tradiciones, y estos elementos representaban la posibilidad de obtener otro estatus en la sociedad novohispana.
Amezcua García pone de ejemplo la presencia tlaxcalteca, que contribuyó a la difusión del náhuatl y de conocimientos agrícolas y artesanales. Además, San Esteban se convirtió en un importante centro productivo y llegó a participar en la fundación y apoyo de otros asentamientos en el norte del país.
En el caso de los afrodescendientes sus labores y convivencia con otros sectores de la población, propiciaron intercambios culturales y de saberes. Por ello, uno de los principales mitos alrededor del mestizaje saltillense es pensar que la población puede explicarse únicamente a partir de españoles e indígenas, o considerar que en Saltillo no existió una presencia significativa de afrodescendientes.
La historia de Saltillo no terminó con la conformación de la sociedad colonial, las migraciones posteriores continuaron transformando la población y generando nuevas relaciones culturales.
Cada grupo que llegó al territorio lo hizo trayendo consigo parte de su propia historia, y esos elementos fueron incorporándose, modificándose y mezclándose con los de quienes ya habitaban la región.
Por ello la conmemoración de la pluralidad representa una oportunidad de mirar una historia que todavía tiene capítulos por contar, pues no solo se trata de saber qué grupos tuvieron descendencia entre sí, sino de comprender cómo esas relaciones transformaron la vida cotidiana, las costumbres, la economía y las experiencias de quienes habitaron Saltillo.
Por lo tanto, la identidad de la ciudad no surgió de un solo origen, es el resultado de encuentros entre distintos pueblos, resistencia, migraciones y, sobre todo, los intercambios culturales que continúan transformándose y continuarán en el futuro.





