ENTRE METALES Y VALORES: UN HOMBRE FUERA DE SERIE – El Heraldo de Saltillo

Meses atrás tuve la fortuna de ser invitada a un desayuno con el “Grupo Amigos de la Cultura Norestense”, en un céntrico restaurante de la ciudad de Saltillo. Esa mañana era agradable; como siempre los cerros que rodean la ciudad se veían bañados por una bella luz, reflejo del sol. El grupo está integrado por grandes personalidades de muy variadas disciplinas quienes enriquecen las reuniones con interesantes anécdotas y conocimientos producto de años de experiencia. Cada encuentro tiene una estructura y, en él, participan varios de sus integrantes.
En ese lugar conocí a una persona fuera de serie: el ingeniero Rafael Eduardo Cabral Puente. Supe entonces que era un reconocido empresario del ramo metalúrgico. Coincidíamos en algo: como yo, no nació en esta bella ciudad. Él era originario de San Luis Potosí, desde temprana edad, arribó a la ciudad, donde realizó sus estudios de primaria, secundaria, preparatoria y universidad. Se gradúo en el Tecnológico de Saltillo, donde obtuvo el título de ingeniero industrial mecánico.
Siempre he creído, y estoy convencida de ello, que la familia es un factor determinante que marca el destino de sus integrantes. La familia del ingeniero Cabral era propietaria de un taller dedicado a la elaboración de refacciones textiles. En aquella época se utilizaban metales como el bronce, aluminio y hierro vaciado. Su padre desarrolló habilidades de mecánico, soldador, tornero y fresero. No cabe la menor duda que ese ejemplo lo motivó a enamorarse de los metales, a conocer sus propiedades, extraerlos, purificarlos y transformarlos en aleaciones útiles para la industria. Con el paso del tiempo se convirtió en un experto en la transformación de los metales.
Las experiencias que vivió durante su infancia fueron un pilar en su formación, tanto profesional como humana. Recibió diversos reconocimientos gracias a su trabajo, disciplina y perseverancia. Formó una familia con Rosa María Mireles, tuvieron cinco hijas. Su educación estuvo basada en valores éticos como la honestidad, el compromiso, la responsabilidad, principios que transmitió a sus hijas y que les permitieron construir un buen camino. Sin embargo, una de ellas, Marcela, heredó su amor por la metalurgia y se quedó a cargo de la empresa familiar. Actualmente es titular del Comité de Mujeres Industriales.
Cada viernes, durante el desayuno del grupo de la Cultura Norestense se presenta un programa donde participan varios integrantes del grupo con diferentes secciones. El ingeniero Cabral tenía una sección llamada “Comentarios coahuilenses”, en la que compartía información muy variada sobre los temas que dominaba, como el futbol, el beisbol y las motocicletas. También era aficionado a la pesca y la cacería; amaba la literatura, la música romántica y la poesía.
El 28 de agosto fui invitada por el grupo para dar una charla. En esa ocasión el ingeniero Cabral no dio sus comentarios; en cambio, se refirió a mi exposición. Para mí fue un honor y me sentí halagada por sus palabras. Me acerqué a él para darle un cariñoso abrazo y agradecerle. Fue la última vez que lo vi.
Días después me enteré de su deceso, lo cual me entristeció profundamente. Reflexioné entonces sobre la muerte. Siempre he pensado que cuando parten de esta dimensión, van a un mejor lugar, donde hay paz y no están presentes tantas cosas de lo humano que provocan dolor. Lo que lamento es no haberlo conocido antes. Tenía gran sabiduría. En fin, poseía varias cualidades que, desafortunadamente, cada vez parecen ser menos frecuentes en nuestra sociedad. Estamos dejando a un lado los valores éticos y le damos prioridad a los antivalores. Su partida no solo deja un vacío irremplazable en su familia y entre quienes tuvimos la fortuna de conocerlo, nos deja también una enseñanza: los valores no deben ser simplemente palabras, sino acción. Rafael Eduardo Cabral Puente fue un gran ser humano. Por eso, más que recordarlo por los metales que transformó, prefiero recordarlo por la huella que dejó en quienes coincidimos en su camino.
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